3 cosas que nadie te dice sobre BIM… pero la ISO 19650 sí exige
ISO 19650
Hay muchos artículos, charlas y publicaciones que hablan de BIM, de la ISO 19650 y de cómo implementarla. Y, siendo honestos, varios de los conceptos más conocidos ya se han repetido bastante: el CDE, los requerimientos, el BEP, la coordinación.
Pero cuando uno vuelve a la norma, y la lee con detención —no desde el resumen, sino desde el texto— aparecen matices que no siempre se están diciendo con la suficiente claridad. No porque sean desconocidos, sino porque incomodan ciertas prácticas que ya tenemos normalizadas.
Hay tres ideas que, en mi experiencia, siguen siendo subestimadas, a pesar de que la ISO las declara de forma bastante explícita.
La primera es que el CDE no es del contratista. Es del mandante.
Existe una idea muy instalada de que el Entorno Común de Datos es algo que el equipo BIM o el contratista “implementa” como parte del proyecto. Sin embargo, la lógica de la ISO 19650 es distinta. El CDE es un entorno acordado para gestionar la información, y quien define ese acuerdo es la parte contratante, el appointing party.
Eso implica algo mucho más profundo que elegir una plataforma. Implica definir cómo se va a estructurar la información, cuáles serán los flujos, cómo se valida, quién tiene acceso y bajo qué condiciones. Incluso, la norma sugiere que este entorno debería estar definido antes de iniciar un proceso de licitación, de manera que la información se comparta desde el inicio bajo reglas claras.
Cuando el CDE no está definido por el mandante, lo que ocurre en la práctica es que cada proyecto parte desde cero, con lógicas distintas, y la información termina fragmentándose. Y ahí es donde se pierde uno de los principales valores de la ISO: la continuidad.
El CDE no es una herramienta que alguien trae. Es un sistema que alguien debe liderar.
La segunda es que el “modelo” no es lo que creemos que es.
Seguimos asociando BIM a modelos tridimensionales, cuando la ISO es bastante clara en su definición de modelo de información. Un modelo no es solo geometría, es un conjunto de contenedores de información, tanto estructurados como no estructurados.
Eso incluye, además de modelos, documentos, planillas, bases de datos, reportes, imágenes, videos e incluso registros de audio. Más aún, la norma reconoce que existen fuentes físicas de información, como muestras de materiales o de suelo, que también deben gestionarse dentro del sistema, a través de referencias cruzadas.
Esto cambia completamente la escala del problema. Ya no estamos hablando de coordinar modelos, estamos hablando de gestionar información en múltiples formatos, con distintos niveles de estructura, pero con un mismo objetivo: que sea útil para tomar decisiones.
Cuando reducimos BIM a modelos, dejamos fuera una parte importante del valor que la norma busca capturar.
La tercera es probablemente la más contraintuitiva: más información no es mejor.
En muchos equipos todavía existe la lógica de que mientras más detallado esté el modelo o la información, mejor es el resultado. Pero la ISO introduce un concepto que va exactamente en la dirección contraria: el Nivel de Necesidad de Información.
Este concepto no busca empujar más detalle, sino todo lo contrario. Busca definir cuál es la cantidad mínima de información necesaria para cumplir un objetivo específico. Y cualquier información que exceda ese mínimo deja de ser valor y pasa a ser desperdicio.
Esto es particularmente relevante, porque cambia la forma en que evaluamos el trabajo. No se trata de cuánto modelamos o cuánta información generamos, sino de qué tan pertinente es esa información para el propósito que tiene.
Modelar de más no es ser más riguroso. Es no entender para qué se está produciendo la información.
Si uno junta estas tres ideas, aparece algo que no siempre se dice explícitamente. La ISO 19650 no está pidiendo que hagamos más BIM. Está pidiendo que hagamos mejor gestión de la información.
Y eso implica cuestionar prácticas que hoy están bastante naturalizadas: delegar el CDE, reducir el modelo a geometría, o asumir que más siempre es mejor.
En ese sentido, la actualización hacia el DIS 2026 no introduce necesariamente nuevos conceptos, sino que refuerza esta misma lógica: el foco no está en la herramienta, está en la información y en cómo la gestionamos a lo largo del ciclo de vida del activo.
Tal vez el desafío no es aprender algo distinto. Tal vez es empezar a aplicar con mayor rigor lo que la norma ya viene diciendo hace años.
Estudiado y redactado por: María de los Angeles Caripa
